Con la tarde de un viernes muy caluroso y con algo de lluvia, la vuelta a casa puede ser un poco desesperante en Buenos Aires.
Comenzamos con la odisea de lograr que un "bondi", como le decimos al colectivo u ómnibus, pare y nos deje subir. Una vez que ese obstáculo fue superado, nos encontramos con la desesperada búsqueda por un lugar.
Acá en Argentina podemos viajar parados, como ganado, en un estado en el que no entra ni un alma más en el colectivo, y que cuando querés bajar, tenes que empezar a pedir permiso mientras con una mano te agarras para no caerte, y con la otra abrís paso en la multitud como si fueras Moises con las aguas. Hoy es un día en el que viajo así.
Calor, mucha gente, parece que nada más puede empeorar la cosa, pero llega el tráfico, nuestro gran enemigo, y completa el combo algún llanto de bebé u hombre necesitando desodorante.
En días como hoy, das gracias a la tecnología por tener música en el celular y auriculares, porque no hay espacio ni para sacar el libro de la cartera.
No todo está perdido. Enrique Iglesias y su "Bailando" le ponen un poco de onda a la playlist y te dan ganas de bailar, cosa que no podes hacer.
De golpe, empieza a bajar gente, y tratas de adivinar quién de los que está sentado puede llegar antes a destino. Ves a una mujer que se empieza a mirar en el espejito, se retoca el maquillaje y acomoda cosas en su cartera. Es obvio que se va a bajar, así que con disimulo te paras al lado y sonreís cuando ese lugar queda libre.
Te sentás con cara de triunfador y agradeces a Dios aunque seas ateo que te pudiste sentar.
La felicidad no dura mucho ya que pueden pasar dos cosas. Una es que suba alguien mayor necesitando un asiento, o la otra es que veas que llegaste a destino y por distraído te pases de parada.
Tenes que caminar 5 cuadras más por la lluvia, pero cuando llegas a tu casa, una ducha caliente, un té y ese libro nuevo que te morías de ganas de leer en el colectivo, te trasladan a otro mundo.

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